Nina

Me robé una rosa y la cuidé como si siempre hubiera sido mía; corté sus espinas para fingir que me quería, la forcé a florecer porque tanta espera me enloquecía, me aferré aunque ya estaba marchita y guardé sus pétalos porque estaba convencida de que, de por mí, resucitaría. 

Repudio a mi cobardía, abrazo a la osadía, cámbiame al punto que ni Dios me reconocería, moldéame hasta conseguir toda tu estima; quiero llenarte de zalamerías, tenerte para siempre sería la más grandiosa delicia. 

Oh, mi bella novicia, no recuerdo haber sentido antes tanta codicia; te confieso lo que siento en medio de la algarabía, cuando gritan y claman las arpías. Sé que caeré en la herejía; sin embargo, por eso ya no me preocuparía. Sálvame de la perdición eterna con tus caricias, del infierno que es escuchar por causa de otros tu risa. Déjame aprender de memoria todas tus manías; del camino al cielo sé mi guía.

Vuela alto golondrina. Encuentra el bosque de mi alma y allí anida. Por favor, en mis sentimientos confía. Aún tenemos el resto de nuestra vida. Mejor que yo nadie te cuidaría. No pienses en lo que no ha sucedido todavía. Te sanaré de tu afonía. 

Mi fuego ardiente ni mil mares lo apagarían, no te cohibas, mis acciones estarán libres de alevosía; acepto tu bravía, impediré que cualquier cosa te prohíban, pero solo si me regalas una mancebía. 

Últimamente vivo en el hermoso encierro de mis fantasías, recordando una y otra vez cuando estuve tan cerca de alcanzar la plena alegría, tu piel contra la mía, tu centro con sabor de ambrosía, tu voz que entre gritos y suspiros solo soltaba mentiras, y tu alma que casi, casi me pertenecía. 

Regresa y líbrame de la agonía, no soporto más esta distancia que no se termina, en mis manos aún siento lo que resultó de tu rebeldía. Te prometo olvidarlo y fingir que solo fue una pesadilla, si tú me amas como en mis sueños me decías. 

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